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Patio de butacas I ANA RANDO - El Echegaray produce Danza

El martes estuve en el teatro Echegaray de Málaga viendo “Azul Prusia, azul Berlín” de Ana Rando. Como adicta a la danza y coreógrafa necesito nuevas impresiones que estimulen mi imaginación y mi deseo de más danza, y Ana Rando es un referente en Málaga del que hasta este momento no había podido participar en vivo. Así que sin leer la sinopsis y con “Marc Chagall” como única pista me senté en mi butaca, sedienta por la curiosidad de ver qué se había cocido en ese proceso creativo.

Lo que recibí desde el primer segundo de la pieza fue Danza.

Danza honesta, de la que me gusta a mí, sin pretensiones ni presunciones, pero fuerte y clara en sus principios. Danza buena, de la que me gusta a mí, trabajada, meritoria, en la que no vale cualquier cosa y donde la dirección, a pesar de la explotación de la creatividad y las cualidades de cada intérprete, estaba clara, definida y muy presente. Arturo, Eva, Quino, Ester, gran trabajo interpretativo, gran trabajo técnico, gran trabajo artístico. Podía imaginar los ensayos, las directrices de Ana y el largo proceso hasta la obtención del resultado que se me presentaba. Vi Danza valiente, creativa y rica en la que el cambio de registro no estaba reñido con la continuidad de un estilo a lo largo de la pieza. Danza plausible, entendible, cercana, en la que te encuentras como en un espejo y reconoces emociones, situaciones y vivencias como propias pero vistas de otra forma.

¿No es ese uno de los objetivos de la danza? ¿Ver lo de siempre desde otro prisma?

No os voy a contar la pieza, no voy a hacer un análisis de lo que Rando quería decir ni de cómo lo dijo, no os voy a contar lo genial de la escenografía, ni de la música ni de la luz, esto que os cuento es lo que yo viví. El martes recibí Danza de la que a mí me gusta, la recibí con el alma y me llenó de ganas de más. Me encanta ser público de danza, seamos más, id a verlo. Merece la pena.

Marina Miguelez Lucena